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Peluquería |
jueves 10/01/08 |
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| Hollywood (1ª parte): Años 20 |
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Por Marga Sánchez | Artículo cedido por Tocado | Maquetación web: Laura Bermúdez |  | | | Explican los archivos que, antes de convertirse en la Meca de Cine, Hollywood era una zona apartada de tranquilas costumbres y clima atemperado. Simplemente eso hasta que, por los años veinte, un nutrido grupo de productores independientes invadió este barrio de Los Ángeles para fundar una industria, la del cine, que, pasados casi cien años, factura cerca de 10.000 millones de dólares anuales. En este capítulo inicial, rendimos tributo a las primeras épocas de Hollywood, consideradas también las de la incipiente edad dorada de un entretenimiento que crea tendencias y estilos iconográficos.
| | | Del todo a la nada en una sola década. El de los locos años veinte bien podría ser definido como el decenio de los contrastes: del cabaret, los cigarrillos y el corte a lo garçonne, al hundimiento moral y social provocado por el mayor crack económico conocido en la historia del capitalismo. Antes de la crisis del 29, sin embargo, se vivieron años intensos y veloces marcados por la llegada de la mujer al mundo laboral y el culto a la juventud.
En Hollywood, los años veinte significaron la llegada del cine sonoro. El cantante de jazz, primer film de la historia con sonido, fue una adaptación de un musical que por aquel entonces triunfaba en Broadway.
En materia de corte, el imaginario de la época nos remite al omnipresente estilo garçonne. Un peinado que, por cierto, no acababa de gustar a la mayoría de los hombres, circunstancia que llevó a muchas mujeres a mentir a sus maridos, justificando que lo inusualmente corto de sus melenas se debía a un descuido con una lámpara de aceite, una vela o un fogón. Suponía, de forma irremediable, el nacimiento del corte bob, un estilo basado en melenas rectas, nunca por debajo de las orejas, y que en la actualidad está sometido a infinitas interpretaciones. Una imagen implacable que impuso Coco Chanel, ídolo y dictadora de tendencias cuyos lemas secundaban las mujeres de medio mundo, configurando el modelo de mujer rebelde, con un toque de artificialidad y ajena a las opiniones.
| Encandiladas con lo exótico |
Otro de los iconos que irrumpiría con increíble fuerza en el universo femenino fue la bailarina negra Josephine Baker. De la noche a la mañana y con sus características plumas y plátanos ajustados en la cintura, escandalizó -y atrapó- a la sociedad parisina aficionada al “black bottom”. A Baker, en parte, le debemos que a fecha de hoy mostrar una piel tostada y depilarse las axilas sean consideradas muestras de feminidad. La lista de ídolos culmina con Clara Bow, la cantante de jazz a quien nos han recordado las fotografías de Identity. Famosa y admirada por su caída de párpados y su mirada por encima del hombro, Bow es un claro reflejo de la mujer más sensual del momento. Su maquillaje, artificioso y provocador, cumplía cuatro requisitos imprescindibles: boca de piñón rojo oscuro, raya negra, cejas arqueadas y párpados ahumados.
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