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Estética |
miércoles 07/03/07 |
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| Cuatro miradas diferentes y una canción maravillosa (2ª parte) |
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| Por Ana María Estragués | Maquetación web: Laura Bermúdez | | | Si en la primera parte de este artículo ofrecíamos la visión de la belleza de dos extraordinarias mujeres, en esta ocasión continuamos con un paso por el mundo de la belleza muy particular.
| | | | | | Doctora en Filosofía. Profesora de Psicología. Terapeuta. La belleza es un tema inabarcable porque está en todas partes. Si levanto los ojos del ordenador y contemplo el atardecer, una inmensidad violeta surcada por destellos dorados y el vuelo fugaz de algunas gaviotas... Esa belleza me inspiraría un discurso abstracto y filosófico, pero si agudizo el oído, la belleza del violonchelo de una suite de J.S. Bach, me haría conectar con mis sentimientos y escribiría un discurso sensible y conmovedor. La belleza tiene infinitas caras y cada una de ellas afecta a nuestros sentidos de maneras diversas. Si recuerdo la belleza del plumaje y la danza de cortejo de las aves del paraíso o pienso en la belleza de los bosques nevados del Canadá; si me imagino en lo alto de una montaña, o en una playa desierta; si miro, por la noche y cara a cara al firmamento, o me ensimismo en el corazón de cualquier flor... Mis sensaciones son muy distintas y, sin embargo, todas tienen un mismo origen, todas provienen de la tremenda conmoción interna que la belleza, en cualquiera de sus formas, produce en nuestra vida interior.
La belleza que está ahí fuera nos traspasa, nos inspira y nos desdeña, por así decirlo. No podemos hacer nada para poseer el silencio del bosque o el corazón de una flor. Pero la belleza también tiene una cara humana; se nos presenta como una imagen ideal de nosotros mismos. Esa imagen no sólo nos inspira, sino que nos moviliza en esa dirección.
Todos querríamos poseer más belleza y nos esforzamos en ello. Cultivamos las formas, las apariencias y tratamos de embellecer nuestro entorno de todas las maneras posibles. Los japoneses, por ejemplo, convierten un simple adorno floral o el tomar un té, en un alarde de belleza, en un arte exquisito que emociona y transforma al espectador. La belleza del gesto o la de la palabra, la belleza del cuerpo o la belleza del alma; todas las formas de belleza en que nos podemos ver, nos son, en alguna medida, asequibles. Y por eso cada cual busca embellecerse a su manera porque, en cuestión de gustos, no hay nada escrito. Unos se cultivan con el “culturismo”, otros con el yoga, unos adornan sus cuerpos con los fetiches de moda, otros se adornan la cabeza con montones de ideas innovadoras. Los hay que buscan la belleza en el espejo del otro y los que la buscan en sí mismos. Se podría decir que somos las mujeres las más propensas a ocuparnos del tema de la propia belleza; conocemos bien el placer que el sentirse bellas proporciona y el misterioso poder que otorga. Pero hoy también los hombres buscan ese poder y ese placer, de modo que todos por igual podemos preguntarnos: ¿qué belleza buscamos?. Es decir, cuál es la imagen ideal a la que querríamos acercarnos y llegarla a ser. Cuando acudimos, por ejemplo, a un cirujano plástico o a la esteticien, cuando vamos al gimnasio o nos ponemos en manos de una masajista, ¿por qué lo hacemos? ¿Queremos parecer más guapos y cambiar la forma de nuestros cuerpos, o buscamos cambiar por dentro y llegar a ser realmente más bellos?
Yo aventuro una respuesta: si la belleza está en todas partes y es la belleza de verdad lo que buscamos, la forma de aproximarnos a ella, no importa. Porque lo mismo que la belleza de un atardecer nos entra por los ojos pero si nos dejamos sentir esa inmensidad nos llegará al alma y nos embellecerá por dentro. El aroma de una flor nos entra por la nariz, pero puede conmovernos tan profundamente que nos lleve al llanto, la mano de una esteticien puede ser una puerta. A través del tacto de una caricia en la piel, podemos llegar a sentir el fondo de nosotros mismos y reconocernos por dentro. Reconciliarnos, regocijarnos, embellecernos con esa belleza.
Y una canción... Ruleta (Pedro Infante) La vida es la ruleta en que apostamos todos…
Paola Galbany es diplomada en enfermería por la Universidad Ramón Llull, Blanquerna y Licenciada en Antropología social y cultural por la Universidad de Barcelona.
Once maneras de ponerse un sombrero (Miguel Bosé)
¿Cómo podría definirles la belleza? Es como si de pronto, tuviera que explicarles lo que es el silencio: la nada y el todo. La belleza es exactamente eso: el conjunto de las cosas, el todo unificado que no sería igual si desglosáramos la esencia...perdería potencia aunque aun así, seguiría siendo bello.
Vivimos en sociedades cosmopolitas que nos exigen un alto rendimiento físico e intelectual, en las que los modelos predeterminados como bellos se estereotipan y donde ser el mejor o estar entre los mejores, implica una gran apariencia externa.
Las exigencias sociales nos confunden y los conceptos de lo que entendimos un día por bello se difuminan. De pronto, perdemos la orientación y nos dejamos arrastrar por la corriente.
No es fácil comunicarse. En un biombo de participación, somos la esencia de un feedback. Nuestra relación con los otros y la representación de lo que somos para ellos determina mucho nuestra personalidad. Es inevitable y es lo que nos permite interactuar con nuestro ‘yo’ personal.
La belleza reafirma nuestras posturas y nos hace sentir protegidos. Es un camino, una posibilidad al cambio. No se trata de agradar a los demás, se trata de gustarse a sí mismo y, en ocasiones, poder así convencer a los otros... Digamos que es como un juego: somos actores y representamos un papel determinado en cada acto. Siendo uno mismo compartimos vidas paralelas: la social y la laboral, entre otras. Y el juego de la vida conlleva unas normas específicas para cada sector en el que nos movemos.
La belleza es alcanzable como posibilidad y permite llegar al éxito. Hay diferentes tipos de belleza y metas dispuestas a alcanzar. Y es bueno disponer de esa energía y de esa ambición que nos hace luchar por una causa particular. Es el motor de la existencia y el camino hacia la felicidad. Cada cual intenta alcanzarla de la mejor manera posible, para y según sus creencias. Y todas son respetables.
La belleza es el camino hacia la conquista de aquello que uno quiere. Es una postura, una manera de actuar, un pensamiento. Es una filosofía que permite alcanzar el equilibrio entre el cuerpo y el alma. Posiblemente por ello siempre se ha asociado lo bello con lo sano.
Sentirse bello es estar bien con uno mismo, es sentirse realizado, es saber que lo que se hizo estuvo bien. Detrás de nuestras máscaras se ocultan grandes temores, aunque nunca se nos ocurra decirlo. Depende de cada uno, encontrar en la belleza la posibilidad de desprenderse de ellos...
Belleza es Yin y Yan... Belleza son once maneras de ponerse un sombrero.
Epílogo
Desde el entendimiento y el respeto podemos captar como profesionales los deseos y exigencias del público que desea recibir nuestros servicios. Miradas hay tantas como personas existen. Me quedo con unas palabras que considero certeras para quién se sienta de verdad una esteticista.
Creo que el mejor regalo que puedo recibir de alguien es que me vea, que me escuche, que me entienda y que me toque. El mejor regalo que puedo dar es ver, escuchar, entender y tocar a otra persona. Cuando se ha hecho esto, siento que se ha establecido contacto.
Virginia Satir (1916-1988. Psicoterapeuta, conferencista, entrenadora, gran comunicadora y escritora. Internacionalmente aclamada por su trabajo y su colaboración en el campo de la Psicología moderna) |
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