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| Aromaterapia contra la depresión |
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Por María Martrat Hugué, profesora titular de Masaje Terapéutico y directora de la Escuela Vipassana
La depresión puede incapacitar a quien la padece para trabajar, socializar normalmente con su familia y amistades y, peor aún, puede llevar a la muerte. Pero hay más. La depresión es un mal que no solamente afecta nuestro estado de ánimo y nos quita la alegría de vivir, sino que, entre otras cosas, se ha descubierto que es capaz de provocar cambios en la química del cuerpo que pueden afectar negativamente diversas partes del organismo, entre las cuales figuran el sistema inmunológico, las células del cerebro, el sistema cardiovascular y los huesos.
La depresión se ha convertido en una de las peores plagas de nuestra era. Es tan común que muchos la han llamado el catarro de las afecciones mentales. Ahora bien, esta comparación es sólo parcialmente adecuada. Ciertamente, la depresión se asemeja al catarro por ser una afección muy común. No obstante, la depresión es una enfermedad mucho más seria que el catarro. Pero, a pesar de ser una aflicción tan común, la depresión es poco entendida por la mayoría de las personas. Frecuentemente se piensa que quienes la padecen son débiles de carácter. Por esta misma ignorancia, muchas veces los parientes o amistades de la persona afectada dicen y hacen cosas que, aunque bien intencionadas, en lugar de ayudarla, lo que consiguen es deprimirla aún más.
Una de las técnicas más eficaces en depresión es la Aromaterapia, la cual se ha convertido también en una de las más solicitadas por el público. La Aromaterapia tiene su fundamento en la idea de que las moléculas aromáticas presentes en los aceites esenciales extraídos de las plantas se absorben a través de la nariz, la piel o los pulmones, desatando ciertas respuestas fisiológicas o induciendo diversos estados de ánimo.
Estos aceites esenciales se obtienen, por lo general, por medio de un proceso de destilación al vapor o de prensado en frío. Los aceites esenciales pueden obtenerse de las hojas, raíces, flores o ramas de las plantas.
Un poco de historia
La Aromaterapia, tal como se practica en la actualidad, tuvo sus comienzos en la década de 1910 con un químico francés llamado Rene Maurice Gatefosse. Un día, en su laboratorio, Gatefosse sufrió una quemadura en el brazo. Como lo más cerca que tenía era un envase con aceite de lavanda procedió a sumergir el brazo allí. Inmediatamente sintió alivio del dolor. Posteriormente notó que su herida sanó de forma sorprendentemente rápida y sin dejar una cicatriz. Esto le inspiró al estudio de los aceites esenciales. En 1928, Gatefosse publicó un libro titulado Aromaterapia, acuñando así el término. Los aceites esenciales de las plantas han sido empleados para una gran variedad de condiciones físicas y emocionales, entre las cuales se encuentran las siguientes: las infecciones, la hipertensión, las arritmias cardiacas, el insomnio y la depresión. Existen varios estudios que tienden a demostrar los efectos de los aromas sobre los estados anímicos y sobre la conducta. Estudios llevados a cabo por científicos japoneses expusieron a doce pacientes hospitalizados por depresión a un fuerte aroma de frutas cítricas. Después de once semanas siguiendo este tratamiento, sus necesidades de medicamentos antidepresivos disminuyeron significativamente e incluso, varios de ellos pudieron suspender por completo los medicamentos.
Existen varios aceites esenciales a los cuales se les atribuyen propiedades antidepresivas o la capacidad de elevar nuestro estado de ánimo. Uno de estos es la lavanda. Su suave aroma floral se estima que no sólo posee cualidades antidepresivas, sino que puede ayudarnos a relajarnos, a balancear la mente con el cuerpo, a inspirarnos una sensación de tranquilidad y sosiego, y a dormir mejor. Si desea combatir el estrés y promover un estado de relajación, puede echar cinco o seis gotas de aceite de lavanda en la bañera. También puede untarse en la piel o pueden echarse varias gotas en un vaporizador y aspirar el aroma. Si no tiene un vaporizador, puede echar tres o cuatro gotas en una vasija con agua hirviendo. De esta última forma, también puede ser empleado para combatir la tos y los resfriados. Otra forma de utilizar tanto la lavanda como otros aceites esenciales es echando dos o tres gotas en su almohada.
Para la depresión, la lavanda puede combinarse con otros aceites esenciales, como los de romero, bergamota, albahaca, jazmín y rosa. También puede utilizarse aceite macerado de Hierba de San Juan o Hipérico (St. John’s Wort). Aunque en la actualidad su papel más conocido es en el tratamiento de la depresión, la hierba de San Juan o hipérico es una planta que ha sido utilizada con propósitos medicinales durante siglos como antiinflamatorio en casos de golpes y contusiones. Se sabe que en el primer siglo de nuestra era el escritor romano Plinio el Viejo, al igual que el médico griego Dioscórides recomendaban su uso, así como Hipócrates, el llamado “Padre de la Medicina” lo había hecho unos cinco siglos antes.
Además de su uso como antiinflamatorio, la hierba de San Juan ha sido empleada para el tratamiento de espasmos musculares y calambres y, más recientemente, se ha estado hablando sobre la posibilidad de que posea propiedades anticarcinógenas y antivirales.
Las hojas de esta planta, pequeñas y de color amarillo, contienen una cantidad considerable de varios flavonoides, entre los cuales se encuentra uno llamado hipericina. En términos generales, los flavonoides sirven para fortalecer los vasos sanguíneos y reducir los estados inflamatorios. Sin embargo, a pesar de éstos y otros usos que se le adjudican y que al presente se estudian, la hierba de San Juan ha adquirido fama recientemente por sus propiedades antidepresivas.
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